El Capricho, una experiencia carnívora única.

Incluso elevada al pedestal de ser la mejor carne del mundo, mucho se ha escrito sobre la casa de José Gordón en los últimos años. En mi caso, y tras 5 visitas, voy a intentar expresar lo que creo que es y significa El Capricho.
El Capricho
 Lo primero que hay que decir es que la mayor parte de la gente que acude a esta casa se da cuenta de que nunca en su vida ha probado la carne de buey, la de verdad. Frecuentemente nos encontramos la palabra chuletón o solomillo acompañado de “buey” cuando en realidad lo que se nos ofrece es vaca vieja, en el mejor de los casos, o simplemente ternera. No por ello estoy desmereciendo estas últimas piezas, de hecho, a los que nos gusta la carne, se nos hace la boca agua cada vez que nos encontramos con un buen chuletón (de vaca vieja). Lo que quiero decir, es que cuando la gente va a El Capricho prueba un sabor diferente al que se ha encontrado otras veces, de hecho, conozco de casos que salen defraudados porque lo que se esperan es algo como lo que conocen pero mejor, aunque estos son los menos.

José Gordón se ha especializado en buscar por la geografía de la península ibérica bueyes de labranza para comprarlos cuando ya están en la última parte de su vida, llevárselos a su pueblo, terminar de engordarlos y, tras tenerlos en cámara durante el tiempo suficiente para que los jugos y grasas de esas carnes sean retenidos, servirlos para que la gente pueda llevarse a la boca un trozo de ese animal casi extinto que es único y delicioso..
Chuletas de buey
Lo primero por lo que te das cuenta de que no estás tomando otra cosa es por las piezas que se cocinan en la parrilla y que ves antes de sentarte a la mesa, hasta algunas cercanas a los 10 kilos se pueden llegar a ver y probar.

En cuanto a que pedir lo tengo muy claro... de entrantes no puede faltar la cecina Premium que ellos mismo producen y tienen en bodega durante más de 2 años y medio. Nunca en mi vida había podido pensar que una cecina así existía, la infiltración de grasa que posee la hace única casi llegando a un nivel parecido al del jamón ibérico. Por otro lado, una morcilla de león muy rica y picantona que se sirve en plato de barro y sin corteza.
Cecina Premiun de buey
Después la elección es clara, en mi caso tarde en convencerme de probar el solomillo, pero una vez catado sin duda hay que pedirlo, aunque sea para compartir antes de lanzarse al chuletón. Como si fuera mantequilla, con una sabor increíble y único en el que la grasa está presente en cada bocado.

Por último el plato clave, la chuleta de buey.. ahí es donde entra en juego José, que llega con una mesa de madera donde con mimo limpia la chuleta sirviendo a cada comensal trozos de cada una de las diferentes partes que tiene, partes más magras, partes con más grasa para acabar con un poco del tocino. El resto lo deja en un plato de barro para que el que quiera repita. La forma en que está hecha la carne y sobre todo ese sabor hace ver que estas ante una experiencia única.
Chuleta de buey
 Por último un buen surtido de postres y una gran terraza en la que tomar algo e incluso fumar un puro de su cava.

A todo esto acompaña, como no podía ser de otra manera, una gran bodega de vinos nacionales sesgada hacia el Bierzo. En ella, podemos encontrar bueno vinos a precios muy asequibles. En nuestro caso siempre elegimos Ramón Bilbao que lo ponen tirado.

Así que amigos, si os consideráis carnívoros El Capricho es visita obligada. A ver qué os parece, desde luego no os dejará indiferentes.

El Capricho
Jimenez de Jamuz, León.
Precio aproximado70 euros.

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